Publicado en la revista de la Red Global de Mentores RGM.
En los pasajes más oscuros de nuestra existencia, cuando nuestra alma parece perdida en un bosque de incertidumbre, aparece con todo su peso y desde lo más profundo de nuestra humanidad: la vulnerabilidad. Que no es debilidad, ni derrota. Es, en su esencia, la expresión más pura de la valentía.
Quienes hemos elegido caminar como mentores, consultores o terapeutas, orientando y acompañando el trayecto de otros, en ocasiones nos olvidamos de algo fundamental: no somos inmunes a la fragilidad. Desde ahí se nos obliga a conectar con el otro desde su momento. Nuestro propósito nos exige comprender, pero también nos obliga a recordar que somos navegantes, y en muchos casos, de las mismas aguas que aquellos a quienes guiamos.
A veces, los vientos nos llevan a la orilla de lo que San Juan de la Cruz denominó “la noche oscura del alma”, un espacio donde el eco de nuestras propias inquietudes reverbera con una fuerza debilitante. En esos momentos, levantar la mano, buscar apoyo, es más que un acto de humildad: es la aceptación de que no podemos ser todo para todos, ni siquiera para nosotros mismos.
La vulnerabilidad, esa danza íntima entre la necesidad de transitar con urgencia nuestra nebulosa y exhibir nuestra frágil humanidad, nos recuerda que la verdadera fortaleza no reside en la soledad ni el aislamiento, sino, y por el contrario en la interdependencia. Decir “no puedo solo” o “necesito ayuda” no es un signo de rendición; es un poema a la conexión humana. Al abrirnos, podemos tejer una red que no solo nos sostiene, sino que fortalece y convoca el amor en quienes nos rodean.
A ti, que guías, que inspiras y construyes caminos: no temas mostrar tus propias grietas. En ellas reside la luz que permite crecer, aprender y conectarte con la fuerza que nos une como seres de una misma especie. En el inmenso lienzo de la vida, reconocer nuestra vulnerabilidad es el trazo más sutil y perfecto que podemos dar, es el suspiro más profundo y sanador, aquel que nos recuerda que, incluso que en la noche más oscura, no estamos solos.
Así, al escucharnos como humanidad, hallamos el mayor regalo: conectar desde el alma, desde esa esencia y fragilidad que somos.
También he transitado mis oscuridades, y de la mano de mis mentores, aquí unidos, en esta extraordinaria comunidad, la Red Global de Mentores, he podido confirmar el efecto poderosísimo de lo que se ha denominado: sanar al sanador, acompañarnos entre nosotros, donde he sentido la bondad, el amor, la sabiduría y la dulzura de un verdadero mentor.
Y tú, ¿A quiénes soportas? ¿Quiénes son tu círculo de apoyo?
Escríbeme, estoy listo para escucharte.
@Jordi.Duque
Mentor logro de objetivos y cambio de vida consciente





